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La histórica Falla
Avenida Malvarrosa-Antonio
Ponz-Cavite. Se fundo en 1947
y la foto debe ser de los años 60..
"En la fila superior, el cuarto
contando desde la derecha
es mi padre😍."
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Aquellas Fallas de finales de
los setenta eran una especie de resaca colectiva.
Recuerdo despertar con fuertes estallidos a las ocho de la mañana en la calle; yo disfrutaba al escuchar cada impacto. El tró de bac era lo que hacía saltar al barrio de fiesta y emoción.
Recuerdo mi cara de "qué bien huele" mientras corría en pijama al balcón para ver pasar a la comisión de los mayores, con sus cajas de pólvora y ese aroma tan nuestro.
Era fácil acostumbrarse a ellas. Aunque no se durmiera mucho, todo me resultaba fascinante: el ajetreo, los balcones con banderitas, las luces aún apagadas que, al llegar la noche, dibujaban la diversión con sus bombillas.
Me encantaba la noche y bajar a la zona de la orquesta. A mis padres no les hacía mucha gracia porque, si no era sábado, papá tenía que trabajar
(en aquel entonces muchos
padres no tenían fiesta ni vacaciones). Hacerles bajar para que mi hermana y yo —la que ahora escribe y
piensa esto, jajaja—
disfrutáramos del baile, era casi una
misión imposible.
Pero cuando lográbamos bajar, era como estar en un parque de atracciones. A veces mamá bajaba con la abuela porque papá tenía que madrugar; mientras ellas charlaban con las vecinas, nosotras nos volvíamos pequeñas danzarinas al son de lo que tocaran los músicos. Esa noche era, entonces, "para recordar".
En el barrio, el único quiosco
cercano a la falla era el del "Gordo".
Allí los más mayores hacían acopio de petardos.
En mi casa no los compraban nunca; a mis padres les preocupaba que
nos pudiéramos lastimar. También recuerdo un bar cercano donde sonaba con monotonía la radio con el fútbol. Nunca entré, pero veía a los mayores ir y venir con algún refresco en las manos.
Hoy, la vida es diferente. Siento que
se ha perdido parte de la esencia con las carpas privadas. El concepto
del tiempo y el espacio se ha vuelto etéreo, creando una disociación entre el barrio y los abonados al casal.
La fiesta se ha ido
privatizando, restándole ese
espíritu social de compartir
con todos los vecinos.
Es solo un poco de crítica, los
tiempos son los que son. Simplemente hoy me ha invadido la nostalgia de aquellas Fallas, de cuando al pasar por el casal nos preguntaban:
"¿Quieren las niñas un refresco?".
Me han dado ganas de que, como
entonces, el mundo se detuviera para compartir la emoción del fuego y la música en un giro de nuevo.
¡Feliz semana fallera!
Buenos días guapurasssssss
#Historiasdemitierra✍©️
📷 foto familiar, Con esto, y esperando vuestra opiniones, me despido hasta el próximo post.
:)

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