Febrerillo el loquillo vuelve a asomarse, ese duende
caprichoso del calendario que llega
breve, inquieto y cambiante.
Dicen que es un mes pequeño, pero con alma de vendaval,
y que cada cual cargue con su vela, porque él no piensa sostener ninguna.
Este febrero, tan veleidoso como siempre, parece que
—según Brasero— conviene tener a mano
una chaqueta fiel.
En estos andurriales, los guantes y los gorros
duermen a buen recaudo, pero
las bufandas se convierten en nuestras
aliadas: entre los virus rezagados y estas temperaturas
errantes, que serpentean de los 6 a los 17 grados, más vale
envolver el cuello que confiarse al aire.
Y atención, caminantes:
conviene llenar los bolsillos de piedras.
Eolo, despechado
—dicen— por un desencuentro nocturno
con Afrodita, anda hoy desatando
su furia sin medida, repartiendo soplidos a troche y moche.
Buenos dÃas, guapurasssssss.
“Febrero, febrerÃn,
el más corto y el más ruin.”
Refranero español
Que comience febrero, con sus locuras,
sus giros y sus guiños traviesos.
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