Hace años —muchos ya— que perdí la inocencia de aquella niña que solía ser; la que saltaba de la cama con el corazón a mil ante un día como el de hoy. Es una pena, quizás, pero la vida tiene ese juego agridulce de darte y quitarte a la vez. Hoy no saldré corriendo con un paquete de lazo gigante entre las manos. Sé que la persona que debería recibirlo no sabría encontrar el regalo al abrirlo. En su mundo de Peter Pan, ella es ahora la niña que juega en Nunca Jamás, y yo... yo soy Wendy, la que eligió crecer y aprender a ser adulta. Parece el fragmento de una novela, pero es simplemente mi forma de mirar lo que me rodea. A cambio de ese regalo que no entregaré, hoy recibí un beso de amor nada más despertar; uno de esos gestos privados, dulces, que solo buscan decirte cuánto te quieren sin necesidad de palabras. Y me gusta. Lo dis...
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