Pinchar en la foto para escuchar la música Cuando cae la tarde, parece que lo bonito se acaba y que la luz del día se rinde ante nuestra luna menguante. Antes de que eso ocurra, me asomo a la ventana: las luces de la ciudad ya se van encendiendo para ganarle la batalla a la oscuridad. Al abrir el ventanal, un frío sutil me eriza la piel. Fuera, la sinfonía del regreso tras este jueves lluvioso acelera el paso; todos buscan ya el calor del hogar. Creo que la belleza de este instante está en su fragilidad. Si el cielo siempre fuera así, dejaríamos de mirarlo. Si el café no se enfriara y las risas fueran eternas, no les daríamos valor. Necesitamos saber que algo termina para disfrutar de verdad el camino. A veces esperamos demasiado el momento perfecto para actuar: el viaje soñado, esa conversación pendiente o un arrechucho guardado. Pero el tiempo corre...
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