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Ayer, al levantarme, me vinieron recuerdos sin más. Sí, ayer, que no venía al caso porque es el día que reservo para mis dos personas favoritas.
Entre comentarios y café recordé: "Hoy no hice ningún post 🤔".
Y es que empieza una a acomodarse con costumbres diarias, como tomar mi primer café con mis narraciones.
Ayer tenía mi escrito redactado tras días revisándolo e intentando que en él se ambientasen todos mis sentimientos. Por lo que no toqué la "habitación de mi imaginación", le di un día de fiesta, y hoy no dejan de aparecer distintas ideas para narrar, jajaja 😂. Me estoy volviendo rutinaria y la verdad es que adoro la expresividad del "aquí y ahora".
Bueno, todo tiene su momento y espacio; es cuestión de poner la ficha del puzle correctamente.
Mirando desde mi ventanal, entre las cortinas, recibí un flash. ¡Ainssss! Cuanto más me conozco, más pienso
que tengo la flexibilidad de un
chicle con los recuerdos.
Recuerdo como si fuera ahora un
momento de gran conexión
con mi padre.
Tendría unos 11 o 12 años y
papá había comprado en
Cuenca un rifle enorme.
Bueno, para mí la dimensión de aquel artefacto era de gran magnitud.
"Es lo que tiene ser enana, todo
parece tan enorme".
— Papá me dice: "¿Herme, te vienes
a cazar con papá?".
Y yo, muy inexperta y con grandes ganas de experimentar, le dije:
"¡Claro, papá!".
Y allá fui.
Y ahí empecé mi andadura
con la caza. Nos encaminamos por el sendero interior por donde
acudimos al río, entre espliego y
arbustos pequeños. El camino
era de piedra, por lo que lo de
ir corriendo no era lo más
acertado; ya había sufrido en
más de una ocasión la experiencia
en mis rodillas.
Pero hoy el camino se hacía más
llano, pues papá sonreía mientras me llevaba de la mano y junto
a su hombro se deslizaba
un gran rifle.
Me dijo en un momento dado:
— Ven, cuidado, vamos a arrodillarnos. Vamos a ocultarnos tras
estos matorrales y has de
estar muy callada.
(Yo, que no callo ni debajo del agua).
Pues nada, ahí estábamos
los dos, callados tras los
matorrales y yo titubeante
ante el desconcierto de la espera.
Hice caso y observé a mi padre.
Él, con esa sonrisa tan feliz, con
el rifle en su pecho, parecía
Robin Hood.
Pero no, era mi padre, feliz y
orgulloso, y yo más de poder
participar en tan
memorable momento.
Pero el idilio se truncó
cuando, al decirme muy bajito
que no me moviera y no hiciera ruido porque ya tenía una pieza
a tiro, miré y me encontré
a una preciosa ave
(no tengo ni idea de qué era).
Sin pensarlo dos veces, empecé
a gritar y a vociferar
que se marchara.
En fin... cómo narrar la cara
de mi padre.
No volvió a invitarme a cazar.
¡Vamos, cómo se puso!
Pero yo me sentí como una
heroína porque salvé a aquella
ave de los perdigones de mi
progenitor, jaja 🤣.
Durante todo el camino de
vuelta me dejó claro que
aquella era mi última cacería, y
yo tan feliz por ser la salvadora de los pajaros.
Más tarde me
"puso los cuernos"
🫣😒🧒🏻
con mi primo Miguel; hicieron
un pacto y disfrutaron de
aquellas cacerías sin la
la salvadora de aves,
(mi persona)
cuando tenían
la presa a tiro😂🤣😂.
Cosas de ayer y recuerdos de
hoy. Aún estoy con la sonrisa en
los labios recordando la cara
de mi padre.
🤭🤭🤭
Feliz domingo a tod@s
#hermeescribiendoloquepienso✍©️
📷 Álbum familiar Herme
Con esto, y esperando vuestra opiniones, me despido hasta el próximo post.
:)

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