15 de febrero

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Ayer, al levantarme, me vinieron recuerdos sin más. Sí, ayer, que no venía al caso porque es el día que reservo para mis dos personas favoritas.
Entre comentarios y café recordé: "Hoy no hice ningún post 🤔". 
Y es que empieza una a acomodarse con costumbres diarias, como tomar mi primer café con mis narraciones.

Ayer tenía mi escrito redactado tras días revisándolo e intentando que en él se ambientasen todos mis sentimientos. Por lo que no toqué la "habitación de mi imaginación", le di un día de fiesta, y hoy no dejan de aparecer distintas ideas para narrar, jajaja 😂. Me estoy volviendo rutinaria y la verdad es que adoro la expresividad del "aquí y ahora".

 Bueno, todo tiene su momento y espacio; es cuestión de poner la ficha del puzle correctamente.

Mirando desde mi ventanal, entre las cortinas, recibí un flash. ¡Ainssss! Cuanto más me conozco, más pienso 
que tengo la flexibilidad de un
 chicle con los recuerdos.

Recuerdo como si fuera ahora un 
momento de gran conexión 
con mi padre. 
Tendría unos 11 o 12 años y 
papá había comprado en 
Cuenca un rifle enorme. 
Bueno, para mí la dimensión de aquel artefacto era de gran magnitud.
 "Es lo que tiene ser enana, todo 
parece tan enorme".

— Papá me dice: "¿Herme, te vienes 
a cazar con papá?".

Y yo, muy inexperta y con grandes ganas de experimentar, le dije:
 "¡Claro, papá!".
Y allá fui.

Y ahí empecé mi andadura 
con la caza. Nos encaminamos por el sendero interior por donde 
acudimos al río, entre espliego y 
arbustos pequeños. El  camino
 era de piedra, por lo que lo de
 ir corriendo no era lo más 
acertado; ya había sufrido en 
más de una ocasión la experiencia
 en mis rodillas.

Pero hoy el camino se hacía más
 llano, pues papá sonreía mientras me llevaba de la mano y junto
 a su hombro se deslizaba 
un gran rifle. 
Me dijo en un momento dado:
— Ven, cuidado, vamos a arrodillarnos. Vamos a ocultarnos tras
 estos matorrales y has de 
estar muy callada.

(Yo, que no callo ni debajo del agua).

Pues nada, ahí estábamos
 los dos, callados tras los 
matorrales y yo titubeante 
ante el desconcierto de la espera. 
Hice caso y observé a mi padre. 
Él, con esa sonrisa tan feliz, con 
el rifle en su pecho, parecía 
Robin Hood.
Pero no, era mi padre, feliz y
 orgulloso, y yo más de poder 
participar en tan
 memorable momento.

Pero el idilio se truncó
 cuando, al decirme muy bajito 
que no me moviera y no hiciera ruido porque ya tenía una pieza 
a tiro, miré y me encontré
 a una preciosa ave 
(no tengo ni idea de qué era). 
Sin pensarlo dos veces, empecé 
a gritar y a vociferar 
que se marchara. 

En fin... cómo narrar la cara 
de mi padre.
No volvió a invitarme a cazar.
 ¡Vamos, cómo se puso! 

Pero yo me sentí como una
 heroína porque salvé a aquella 
ave de los perdigones de mi 
progenitor, jaja 🤣.

 Durante todo el camino de 
vuelta me dejó claro que
 aquella era mi última cacería, y 
yo tan feliz por ser la salvadora de los pajaros.

Más tarde me
 "puso los cuernos"
 🫣😒🧒🏻
con mi primo Miguel; hicieron 
un pacto y disfrutaron de 
aquellas cacerías sin la
la salvadora de aves, 
 (mi persona) 
cuando tenían
 la presa a tiro😂🤣😂.

Cosas de ayer y recuerdos de 
hoy. Aún estoy con la sonrisa en
 los labios recordando la cara 
de mi padre.
🤭🤭🤭
Feliz domingo a tod@s

#hermeescribiendoloquepienso✍©️ 
📷 Álbum familiar Herme
Con esto, y esperando vuestra opiniones, me despido hasta el próximo post. :)

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