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—Papá, tengo que hablar contigo.
—Dime, hijo. Pero si vas a confesar que te comiste mis galletas, ya lo sabía.
—No es eso… soy therian.
—¿Therian? ¿Eso es como vegetariano pero con más pelo?
—No, papá. Me identifico con un perro. Un husky siberiano. Y quería pediros a ti y a mamá que me comprendáis y me apoyéis.
—Ah, bueno, menos mal. Pensé que venías a decirme que eras del Madrid.
El padre se levanta muy serio y vuelve con un collar brillante.
—Toma, hijo. Es antipulgas. Por si acaso.
—Papá, no necesito…
—Shhh. Los huskies no hablan. Auuuuuuuuuuuu.
Aparece la madre desde la cocina.
—¿Qué pasa aquí?
—Nuestro hijo es un husky.
—¿Un husky? Pues que saque la basura, que hoy le toca.
El padre da unas palmaditas al suelo.
—Hijo, siéntate.
—Papá, no voy a—
—¡He dicho siéntate!
El hijo, resignado, se sienta.
—Muy bien. Ahora dame la patita.
El padre saca algo del bolsillo.
—Y dame el móvil. Te lo cambio por este hueso de goma. Total, ¿para qué quiere un móvil un husky siberiano?
La madre asiente.
—Y despeja tu cuarto, que a partir de ahora duermes en el jardín. Ah, y date prisa, que la comida está casi lista. Hoy hay macarrones como te gustan. Si te acabas el pienso, te dejamos chupar los platos.
El hijo se tapa la cara.
—No puedo creer esto…
—Mira qué mono, cariño —dice la madre—. Ya está aprendiendo a cubrirse el hocico.
El padre se levanta de nuevo, entusiasmado.
—Cariño, ¿dónde guardamos la correa? La azul, la buena, la que combina con sus ojos.
La madre, sin inmutarse:
—En el cajón de las bufandas. Y saca también las bolsitas, que luego en el parque no quiero que nos miren mal.
—¡Que no voy a ir al parque! —protesta el hijo.
—Mira qué gruñón está —dice la madre—. Debe de necesitar un paseo urgente.
El padre se acerca con una sonrisa enorme.
—Hijo, ¿quieres ir al veterinario? Solo para que te pongan las vacunas. No queremos que te dé moquillo.
—¡Papá, soy humano!
—Sí, sí, claro… —dice el padre mientras le acaricia la cabeza—. Todos los perros dicen eso al principio.
La madre se cruza de brazos.
—Pues que se dé prisa en asumirlo, que mañana lo llevo a la peluquería canina. Tiene el pelo hecho un desastre.
El hijo se levanta indignado.
—¡No voy a una peluquería canina!
—¿Ves? —susurra la madre—. Está entrando en la adolescencia perruna.
El padre asiente con gravedad.
—Es normal. A esta edad empiezan a ladrar a los repartidores y a perseguir bicicletas.
El hijo se tapa la cara otra vez.
—No puedo más…
La madre le da unas palmaditas en la espalda.
—Tranquilo, cielo. Te queremos igual. Aunque seas un husky un
poco dramático
___🐺___
Texto visto en web, autor
desconocido
¡¡¡ Menos mal que soy de la
generación X !!!
💁🏻♀️__ ¿¿Cuando se comenzó con las
lobotomías en serie🤦🏻♀️??
¡¡¡ Manda 🥚🥚!!!
Buenos días guapurasssssss
#hermeescribiendoloquepienso✍©️
📷 la Web
Con esto, y esperando vuestra opiniones, me despido hasta el próximo post.
:)

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