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Un viaje al pasado entre
huertos y sonrisas.
Hoy, al despertar, una imagen
del campo enviada
por mi hermana me ha abierto de
golpe la puerta de los recuerdos.
Me he visto de nuevo en aquellos
campos de labranza de
antaño, esperando al Sr. José, ese
hombre de mirada alegre y sonrisa
eterna que siempre respondía
con cariño a
nuestro "buenos días".
El autobús nº 30 recorría
la ruta de la huerta. Empezaba en la Malvarrosa, seguía por el camino de Alboraya
(lo que hoy es la zona universitaria)
y terminaba en el centro de Valencia.
Para los que vivíamos en el
Marítimo, aquel trayecto era
como viajar a
otra ciudad.
Pero el Sr. José no era un conductor cualquiera; era el corazón
del barrio. Tenía una paciencia
infinita con las señoras mayores
de la huerta, ayudándolas
a subir cuando los años y los huesos empezaban a pesar.
Incluso se tomaba la libertad de parar casa por casa para preguntar qué tal estaba la familia.
Y claro, toda buena acción tiene su recompensa. Al preguntar por "Boro" o cualquier otro vecino, no era
raro que alguien asomara
para obsequiarle con unos
tomates recién cogidos o
cualquier fruta temprana recolectada esa misma mañana.
Yo también fui protagonista de su generosidad. Más de una
vez, cuando me tocaba ir a la
academia en Valencia, el
Sr. José paraba frente a
mi portal y hacía sonar el claxon.
Yo bajaba apurada y, al
subir con la cabeza gacha, él
me decía con
guasa:
“Morenita, que te has dormido...
¡venga, que me retraso y
no llego a la hora!”.
Y así, entre bromas y paradas
llenas de amabilidad, comenzaba nuestro viaje.
Este recuerdo va por el
autobusero más dicharachero
y gentil de la ruta del 30. Estoy segura de que allá en el cielo sigue
repartiendo cariño en su
autobús, solo que ahora, como
el ángel que siempre fue, lleva
alas en lugar
de ruedas.
¡Buenos días, guapurasssssss!
#Historiasdemitierra✍©️ 📷 la Web
Con esto, y esperando vuestra
opiniones, me despido hasta
el próximo post.
:)

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