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La lluvia, el café y
el silencio son hoy la combinación perfecta para dejar fluir mis palabras entre los renglones de este texto.
Hay días en los que no me siento
con ánimos de estar entre la gente; quizás últimamente me sucede
con más frecuencia.
Estoy cansada emocionalmente.
Vuelvo una y otra vez a cometer el mismo error: soy la que siempre
está para escuchar, para ayudar, para acompañar.
Sin embargo, un día te
despiertas con la certeza de
que tu móvil no suena para
invitarte a un café, para ir a pasear o simplemente para saber cómo estás. Solo suena cuando te necesitan.
Mientras navegas en esta
noria de feria de colores, ocurre
que, cuando alguien envía un mensaje personal
(no una lista de difusión)
y te hace sentir que se acuerda de tu existencia, me da energía
para tres semanas más.
Porque existir, existen.
Aprendemos más con los
daños que con los años. El corazón se llena de tiritas que llevan nombres y apellidos que, con el tiempo y
el dolor, cicatrizan, dejando una
marca que afea lo que fue. Eso te hace más vulnerable y, a la vez, te obliga a subir las murallas, a cerrar puertas y a comprender
—desde otra perspectiva—
que Judas también quería
a Jesús, y treinta monedas de
plata fueron suficientes para
señalarlo con un beso.
Hoy, con la lluvia, estoy más
reactiva. Pero gracias a mi círculo de «personas vitamina», pequeño pero confortable, puedo seguir evolucionando con una sonrisa en los labios. Aunque en ocasiones la alegría no pueda
salir y tenga que dibujar, tras una
mueca de tristeza,
una sonrisa.
☔️😊☕️
¡Buenos días, guapurasssssss!
#hermeescribiendoloquepienso✍
©️
📷 la Web
Con esto,
y esperando vuestra opiniones,
me despido hasta el próximo post.
:)

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