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Marzo en Valencia me huele
a contradicción.
Por un lado, ese perfume de pólvora que tanto me gusta; por otro, el 'aroma' a aceite refrito y esos rincones de la ciudad que, bueno...
🤦🏻♀️piden a gritos una limpieza
a fondo.
Nuestra fiesta es maravillosa, pero reconozco que me gustaría más si no fuera un baño de masas constante.
Aquellas Fallas donde podías
acercarte a los fuegos sin perder la
dignidad ya son historia. Ahora, si
quieres ver la mascletà de cerca, tienes tres caminos: o hipotecas un riñón
para pagarte un balcón, o tienes
un amigo con influencias, o te plantas en la plaza tres horas antes.
Y ahí empieza la aventura. Una vez
que la plaza se llena, olvida el espacio personal; vas a hacer amistades íntimas sí o sí.
En los minutos de espera,
sabes que el señor de la derecha
está hasta el moño de su jefe, que
la chica de la izquierda tiene
una boda y los niños del matrimonio de enfrente ya son casi
tus hijos adoptivos.
Todo esto mientras los de atrás intentan ganar cinco centímetros de visión apoyándose en tu hombro.
¡Un planazo!
Y esto es solo la mascletà, que
otro día os cuento el resto.
A pesar de los agobios, sigo diciendo
que son las mejores fiestas
del mundo, aunque admito que con unos cuantos miles de personas menos, estaríamos bastante mejor.
En fin, ya sabéis que las
Fallas empiezan oficialmente cuando aparece una churrería o
buñolería en cada esquina.
¡Ea, que empiece el festival del refrito!"
Buenas tardes guapurasssssss
#hermeescribiendoloquepienso✍©️
📷 Herme Con esto, y esperando
vuestra opiniones, me despido hasta el próximo post.
:)

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