Configuración predeterminada:
Manual de supervivencia al colapso cotidiano.
Hay días en los que la gente te mira
con cara de lástima y te suelta el
típico: «Oye, que ojeras».
Y tú, con los ojos como platos y la taza de café temblando en la mano, solo puedes pensar: «No, bonita, es estrés.
Es que esta es mi configuración predeterminada».
Llevo días, semanas y me atrevería
a decir que meses y hasta años
operando en este modo.
No estoy trabajando ahora mismo
—ya quisiera yo tener que aguantar reuniones infinitas o clientes pesados—
pero resulta que estar fuera de la rueda laboral no te exime del colapso.
Al contrario: hay batallas
domésticas que agotan el triple que cualquier jefe y cliente pesado.
La farsa del "estrés pasajero"
Nos han vendido que el agobio solo le pertenece al que ficha en una
oficina o tiene entregas urgentes.
¡¡Mentira!!
Mi ritmo actual y las dinámicas
en casa no me dan tregua.
Cuando convives a diario con la baja tolerancia a la frustración
de otra persona, donde cada pequeño inconveniente se convierte
en un drama mundial y
un mal ambiente constante, tú
te conviertes en el
pararrayos oficial.
Estar desbordada ya no es
una crisis temporal, es el paisaje
de fondo de mi
realidad actual.
Cuando me dicen que tienes
mala cara, en realidad están viendo las secuelas de una lucha
diaria que nadie ve:
Mi memoria RAM al 99%:
Mi cabeza intentando amortiguar
el próximo golpe de mal
humor del entorno, procesar
los planes del día y, de
paso, esa maldita duda obsesiva que te asalta a mitad de la mañana:
«¿Desconecté la plancha del pelo antes de salir de casa?
El modo ventilador haciendo
ruido a tope: Mi cerebro
sobrecalentado por intentar
mantener la calma mientras tu propio cuerpo empieza a pasarte
la factura de esa tensión acumulada en forma de lumbalgia, dolores de
espalda y un estrés que se te
mete en los huesos.
Y la guinda al final del día..
El laboratorio de las
comidas o cenas:
Esa ingeniería mental de tener que reinventar el menú para
que sea sano, de dieta
y apetecible.
El reto es reajustar
los platos para cuidar la línea
de la familia y la propia
sin sumar más
frustraciones a la mesa.
Sin filtros ni adornos
Aquí hoy no voy a maquillar
la realidad con frases motivacionales
de taza de desayuno ni consejos zen de respiración.
Cuando llevas.... viviendo
con el motor al límite por sostener situaciones que tú no provocas, la
sutileza se va por la ventana.
Te vuelves más directo, toleras
menos las tonterías y
priorizas lo que de verdad
importa: proteger tu propia
salud y seguir adelante.
Así que la próxima vez que
alguien quiera diagnosticar un
cansancio con condescendencia,
mejor limítate a
sonreír y dar los buenos días..
Con la poca batería que le quede
a tu interlocutor te sonreira.
(No está roto. Simplemente está
funcionando en su modo
por defecto para aguantar el tirón.
Y, con todo y eso, sigue empujando
hacia adelante.)
Buenos dias guapurasssssss
#hermeescribiendoloquepienso✍©️
📷 fuente, Noemia Prada.
Con esto, y esperando vuestra
opiniones, me despido hasta
el próximo post.
:)

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