![]() |
| Pinchar en la foto para escuchar la música |
Dicen que las raíces siempre buscan la forma de volver a la superficie, aunque hayamos intentado enterrarlas bajo el paso del tiempo o la distancia. En mi caso, no volvieron en forma de recuerdos ni de fotografías antiguas, sino camufladas en un plato de loza.
Hace mucho tiempo compré la mítica vajilla 'Viejo Molino' de La Cartuja de Sevilla, simplemente porque me cautivó su paisaje otoñal. Lo que no podía imaginar es que, al poner esa mesa en mi hogar, estaba completando un viaje de ida y vuelta de más de dos siglos que me conectaba directamente con Suffolk, la tierra donde nací y de la que me marché siendo apenas un bebé.
Por aquel entonces, yo trabajaba en un departamento de El Corte Inglés. Mi sección estaba separada de la zona de hogar por un gran pasillo central. Entre el parpadeo de las pantallas de televisión que me rodeaban y el ir y venir de los clientes pasillo arriba, pasillo abajo, mi mirada se escapaba constantemente directa hacia aquel conjunto de platos expuesto justo enfrente.
Por esos días, mi madre no paraba con la misma "cancioncilla": insistía en que tenía que empezar a comprar cosas para mi ajuar. Para evitar el sermón y calmar sus exigencias maternas, decidí que aquella vajilla sería la adquisición perfecta. Ella siempre me decía: «Luego todo de golpe es un dineral. Tú no paras de gastar en salir aquí y allá, todo se te va en ropa y caprichos, y no inviertes en cosas de provecho».
¡Ay, si supiera lo bien invertido que estuvo todo lo que disfruté en su momento! No me arrepiento de nada, la verdad. Pero bueno, eso es otra historia. El caso es que a mi madre le gustó aquella pequeña inversión y se quedó más tranquila al ver mi supuesta "previsión de futuro". Como ella decía: «Granito a granito se hace el granero».
Los platos quedaron guardados durante años, pero hace poco se me encendió la bombilla. Me invadió la curiosidad por averiguar qué había detrás de esa imagen tan entrañable que un día me empujó a comprarlos desde mi puesto de trabajo. Lo que descubrí me dejó sin aliento: a medida que avanzaba en mis
investigaciones, me iba acercando, metro a metro, a la tierra que me vio nacer.
¿Casualidad? No lo creo. Aunque
estos días ando con la
sensibilidad a flor de piel por la luna menguante, las pruebas
están ahí.
Resulta que el pintor en el
que se inspiró el grabado de La Cartuja
es...
¡¡ Redoble de tambores🥁🥁🥁 !!
nada menos que
John Constable, mi
paisano de Suffolk.
El destino tiene una forma
muy curiosa de jugar
sus cartas: cuanto más
indago, más me asombro.
Con este descubrimiento
siento una emoción difícil
de explicar; hay sensaciones que no se pueden describir con
palabras, solo se viven.
Estoy totalmente asombrada.
Una vez más, me quito el
sombrero ante mi
intuición: ella siempre, de alguna
manera, termina
dándome las respuestas que
mi alma necesita.
![]() |
| Pinchar en la foto para escuchar la música |
El hilo invisible de la loza, cómo mi subconsciente reconoció su hogar en un grabado andaluz...
Buenos días guapurasssssss
☕️
#hermeescribiendoloquepienso✍©️ 📷 la Web Con esto, y esperando vuestra opiniones, me despido hasta el próximo post. :)


Comentarios