Llegó la noche de inquietud y nervios.
No soy aficionada al fútbol, pero sí a las situaciones que unen a las personas.
¡¡Me encanta, qué se le va a hacer!!
Me molesta el moderado desapego
a esos colores que hoy asoman por los balcones, símbolos de una identidad compartida que solo se ensalzan en ocasiones como la de
estos acontecimientos.
Y despiertan recuerdos
dormidos, pero no olvidados; los chascarrillos de mi
abuela; a mi padre diciendo abuela usted siempre con su chascarrilo, aunque
era su suegra, le encantaba
oírla decir aquello
de:
«¡Ea! Vete a escape, hermoso, y
busca algo de alegría; que la buena
cara se hereda de los viejos y de
las buenas gachas que yo hacía».
Y es verdad. Aún recuerdo a mi padre gritando y saltando en su
butaca una lejana noche de algún
partido, cuando se le
hinchaba la vena y se le desencajaba
la cara por intentar que
le oyesen desde el campo.
¡Ufffff, cómo lo vivía!
La cuestión es que hoy juega España la semifinal del Mundial.
Desde hace días veo por la calle a
niños y mayores con la camiseta de la selección y una extraña mezcla de nerviosismo e ilusión.
Me encanta descubrir esas sonrisas cómplices que dicen que
hay algo en lo que estamos juntos.
Les oigo hablar de si España
juega mejor o peor, de si vamos
a ganar o no, o de
si debe jugar este o aquel.
Como si de repente guardáramos
en una caja todas las
penas y el faro diera la
misma luz a todos.
Es el poder magnético
de un objetivo común.
Así que seré, por un día, futbolera.
Para que gane España, sí.
Pero, sobre todo, para que
las personas sean más
próximas y felices.
¡Vamos, España!
A darles caña 😃⚽️😃
♥️🍀🇪🇸🍀♥️
#hermeescribiendoloquepienso✍©️
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Con esto, y esperando vuestra opiniones, me despido hasta el próximo post.
:)

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